sábado, 5 de enero de 2019

Día 44



5 de enero

Quiso la Fortuna que en la última semana, casi sin percatarme de ello, leyese yo, seguidas, una detrás de la otra, dos obras de William Shakespeare, Hamlet y Macbeth. Pero no fue hasta hoy cuando se manifestaron en mi animo los efectos secundarios de esas lecturas. Efectos nefastos, como pude comprobar. 
Se me ocurrió en un momento ir hasta la cocina a prepararme un café y me crucé con B. que casualmente ya estaba preparando la cafetera. Sin demasiada reflexión y para hacerle saber mis deseos de tomar un café le dije "Si no queréis, señora mía, que la daga del destino os atraviese con su filo, preparad un café para vuestra majestad aquí presente. Os lo ordeno!". No tuve mejor idea que acompañar esas palabras con el dedo índice en alto, en gesto imperativo. Pero inmediatamente me di cuenta de que haber empezado el año con dos tragedias como estas eran, como mínimo, un mal presagio, ya que me volví a mis aposentos no solo sin el café deseado sino que además me llevé conmigo un mirada fulminante que me dejó clarísimo que tenía que replantearme mis lecturas de las semanas sucesivas.
To beef or not to beef, ahí estaba la cuestión.

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