lunes, 21 de septiembre de 2020

Día 73













Dos son las razones por las que me he decidido a cambiar el título de este diario. La primera tiene que ver con el hecho de que llevo un tiempo trabajando en un nuevo proyecto que lleva ese mismo nombre; una serie de textos sobre una Buenos Aires que ya no existe, una Buenos Aires que es una variación de la ciudad que hoy está en el lugar en el que estaba la ciudad en la que crecí. Pero no sólo eso. Porque esos textos, me doy cuenta, son también una variación de aquella Buenos Aires, puesto que la memoria traiciona, deforma, engaña, desfigura, y por lo tanto su arquitectura será también variable. Una calle puede que aparezca donde no debería, un bar en lugar de otro. La segunda razón, y quizás las más importante, es una razón que desde el principio de los tiempos ha sido utilizada por madres y padres para reforzar una postura o una verdad personal. Me refiero a esa célebre y celebrada frase que acababa con cualquier posible discusión o alegato por parte de los hijos: «porque sí, porque lo digo yo». Con esto, espero que quede claro que el cambio del título de este diario obedece más a un capricho que una necesidad. 

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