viernes, 6 de septiembre de 2019

Día 62

Mariano Re

6 de septiembre
    Hoy, tres páginas completas (horribles, eso sí).
    Después me sentí tan completo, tan realizado, que decidí tomarme el día libre y me fui a la playa. Eso fue todo. Hay días que son así: simples y agradables. Y pienso que eso está bien. Que así tiene que ser. Tiene que haber equilibro en esta vida. No puedo concebir que todos los días sean duros y complicados. Días de arduo trabajo, llenos de obstáculos y de páginas en blanco, sin ninguna recompensa. Ni hablar. A veces uno tiene que tener sus tres páginas (horribles) que lo hagan sentirse útil, y luego poder tomarse el resto del día para contemplar la vida y poder digerir todo lo demás.
    Por eso, hoy, aquí en la playa, lo contemplo todo. Lo contemplo todo con los ojos entrecerrados, porque la luz del sol es tan fuerte que me ciega. Lo contemplo todo a contraluz y pienso en los fuertes contrastes de la vida. Veo siluetas negras ir de acá para allá. Veo una sombra, con forma de pelota, que se eleva hacia el cielo y vuelve a caer. Y escucho risas y pedazos de conversaciones sobre historias de amor interrumpidas y sobre cómo preparar una buena lubina al horno, con romero y perejil. Todo esto se mezcla con el sonido del mar (esto queda un poco cursi, buscar otras impresiones). Y poco a poco dejo que los ojos se vayan cerrando. Que el estado contemplativo se vaya disolviendo y se vaya volviendo sueño. Y me dejo arrastrar por eso que podríamos llamar "siesta en la playa". Y antes de dormirme pienso en que no hay nada mejor que una siesta sobre la arena tibia despues de haber escrito tres páginas (horribles) y haber contemplado el mundo a contraluz.

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